El techo parece estar tan alto, tan lejano del suelo en que me arrastro, serpiente. La luz confunde mis ojos con los resplandores de cada gotita de cristal que cuelga y es atravesada por la llama de las velas que se derriten en lo alto. Hay polvo en el suelo, una fina capa que rasguña mi espalda mientras tiras de mis brazos y me llevas hasta la suavidad de las sábanas de satín.
Cierro los ojos ante su contacto. Las siento en mis manos, en mis nalgas… son sábanas perladas, tiradas sobre algo duro, algún tipo de pequeño altar de sacrificio casi a ras del piso. Abro los ojos y te contemplo: anchas espaldas, venas que se delatan debajo de tu piel morena en tus manos, en tus antebrazos firmes, en tu cuerpo tallado con el modelo del David de Buonarrotti.
Sonríes, Renfield, perfecto vampiro sin colmillos. Estoy intoxicada de tu indiferencia. Tomas mi mano y siento la fina navaja de afeitar quemando un canal en mi muñeca. Tras su contacto frío, el calor de mi sangre, el refrescante roce de tu lengua, el dolor de tu mordida, de la succión.
Se erizan mis vellos, se levantan mis pezones endurecidos. Me mojo y gruño. Vuelves a cortar, más hondo. Siento rodar mi sangre. Siento la navaja adentrarse en mi piel, incrustarse en mis tejidos, romper limpiamente. No puedo evitar una leve queja antes de que vuelvas a lamerme las heridas con lengüetazos ligeros, rápidos; y luego la presión de tus labios. Volteo y te miro la boca sucia que me sonríe. Te veo acercarte y darme un beso que sabe a mordida, a sal humana… y es tan dulce, sin embargo.
Tu mano sostiene con firmeza mi delgada muñeca hasta que la sangre se filtra entre tus dedos. Me duele, pero no quiero dejar de sentirte penetrarme sin caricias. Respiras entrecortando tus suspiros hasta que me riegas de ti. Sueltas mi mano para atrapar mis senos en el mismo momento de tu eyaculación.
Algo de sangre corre aún por mi brazo. Me besas, me lavas con tu saliva y tapas las marcas de tu cuchilla con gasa. Luego sujetas todo una banda de cuero y me dejas reír ensangrentada mientras me vistes.
me recuerda a "La pianista"
aunque no tiene nada que ver, lo sé
mucha mayor carga erótica aquí
alli cargaba la autodestrucción
..yo diria me recuerda a una escena de película B...grabada en 8 milímetros...muy gore.....saturada al negro ....donde, a no dudarlo, el vampiro seria Katalkanas ( un tipo de vampiro de creta)...no se ese nombre siempre me ha obsesionado.katalkanas, siempre me ha parecido sexualmente mortal....
Asesíname, Katalkanas. Devorame las entrañas.
una eternidad....esperé este instante
y no lo dejaré deslizar
en recuerdos quietos
ni en balas rasantes
que matan...
ahhhhhh...come de mi, come de mi carne
...........
ahhhh....tomate el tiempo en desmenuzarme
..... el dolor es veneno, nena
y no lo sentirás hasta el fin.
mientras jadees el nombre
que mata...
(gracias cerati por prestarme un par de lineas)
pablo, pablo, pablo... hasta que me he dado cuenta de quién eres... sigue leyéndome, que me devoras.
jaja!!...ni yo mismo me doy cuenta de quien a veces puedo llegar a ser...
es tarde, desgraciadamente muy tarde para dar un paso atrás, caí en tu templo, adoré tu esfinge, prové del árbol prohibido y disfrute al sentir su dulce fruto diluirse entre mis labios....a que saben tus palabras a miel, a sangre, a sudor a algo que no termino de definir, pero no quiero abandonar.