Supongo que esas son las cosas que las damitas de sociedad dicen que marcan su vida con un recuerdo indeleble de amor. Para mí, más bien, es un recuerdo de virutillas de borrador, largas horas de tareas, poesía sucia y rock.
Él acarició mi lado oscuro debajo de las trenzas que colgaban como colitas de ratón erizado marcando su rumbo desde el centro de mi cabeza, detrás de mis orejas, por sobre mis pezones, hasta quedar suspendidas en el aire a la altura del ombligo. Él exploró por primera vez la pasión en mis ojos detrás de los espejuelos; él hundió su lengua en la boca profunda que parecía no servir para otra cosa que no fuese recitar la tabla periódica; el posó sus manos sobre mi deseo y me atravesó con fuego en los vacíos de tardes extraviadas en el salón de mi casa.
Pero nunca nada resultó tan estimulante como verlo concentrado sobre los trazos en lápiz HB que desgarraban las últimas hojas de su cuaderno de Química en el pupitre junto al mío. Verlo raspar con el borrador blanco esos mismo trazos que podía descifrar en su erotismo por sobre el hombro de mi vecinito. Verlo mirarme y soplar las virutillas con su cara casi pegada al papel cuadriculado. Verlo recoger con su lengua estremecedoramente móvil cada resto sucio de sus trazos extraídos por el borrador y llegar hasta mi mano quieta sobre la mesa para deslizar su lengua en el contorno de mis nudillos. Sentir sus dientes lastimándome mientras procuraba atender a la clase que tendría que explicarle aquella tarde.
Y en la tarde, sería él quien me diera clases mientras los enlaces bioquímicos quedaban desperdigados sobre la mesa y nuestros cuerpos los humedecían en una explosión mucho más química que los indescifrables grafiquitos del libro de texto escolar.
A la siguiente mañana lo sentiría pararse muy cerca de mí en la fila y en lugar de cantar el himno solemne de cada formación matutina, lo oiría murmurar: “Como echarte flores/ si eres un jardín/ con esos olores me siento morir/ Florecita roquera tú te lo buscaste
por despertar mi pasión
Y yo que alguna vez pensé en ayudarte a matar a Florecita.
Sabes que tú eres al menos 10 veces más consciente que yo a cerca de lo que escribo? No la matemos... solo estrujémosla un poquito.
Estrujarla? Mucha veces estuve tentado a pedirte que me ayudes a concretar un plan para violarla. Sodomizarla con brutal sadismo. Que curioso, ella es lá unica mujer que me ha inspirado ese deseo.
querida Phos, las cosas que pasan por mezclar la química con el rock, imagínate si hubieras tenido un mac, je, je
Achuchones de virutas de goma
no me puedo imaginar qué hubiera pasado con un mac!
duendeando desde la mañana
Bueno, bueno, Lolita y rockera. ¿Quién iba a resistirse a semejante cócktail molotov?
Abrazo orgiástico.