Me escalofría un poco verte frente a frente. Pero también me atrae irremediablemente el poder de tus ojos entrecerrados y tu virilidad retenida por el pantalón. Son ya algunos minutos de silencio y no sé qué decirte. Solo me apoyo en el mesón de imitación de mármol de la cocina de tu madre, con las dos manos, en tensión, los codos flexionados, las palmas asiendo con firmeza el borde. Entonces, alzo la ceja y sonrío un poco. Sueltas tu risa y miras hacia la luna por la ventana. Te acercas y me atrapas con tu brazo, cruzándolo detrás de mi espalda, por medio de mis codos.
Quiero abrazarte y me detienes. Sujetas mis manos con fuerza contra el frío mármol con tus manos inusitadamente briosas mientras me ahogas con un beso que penetra hasta lo hondo de mi garganta con una lengua disparada. Cada vez me empujas más y me obligas a tirar mi cabeza hacia atrás. Me sueltas nada más para librar la presión de tu ropa y dejarla caer hacia tus pies. Eres inmensamente apetecible. Sonrío. No hay palabras.
Levantas mi blusa y me la quitas de un tirón por el cuello. Empiezas a mordisquear mi cuello, a lamer entre mis senos, a apretar mi cintura. Siento tu erección entre mis piernas. Sin pedir permiso, me separas del mesón y sueltas mi falda, te enredas un poco en el liguero hasta resignarte a no librarte de él. Bajas mi tanga apresuradamente y, de un empujón, me sientas sobre el borde marmóleo y me penetras sin preocuparte de mis labios con pendiente de humedad. El frío me desconcierta, tus manos me libran del brassier y se concentran en exprimirme mientras te detienes y suavizas el movimiento en mi interior.
“Me excitas hasta ansiar sangre”, susurras en mi oído, y llego a pensar que la buscas cuando aprietas con tus dientes el pabellón cartilaginoso. Me mojo sin esperarlo al sentirte crecer aun más dentro de mí, mientras tu lengua humedece casi mi canal auditivo. Río.
Sigues en fricción suave hasta que, de un empujón, me lanzas contra la pared y el golpe en mi cabeza me hace abrir los ojos. Te has dado modos para librarte del pantalón y los zapatos. Yo no puedo evitar reír de la pinta que das parado en medio de la cocina, agitado, excitado, en calcetines y con la camiseta en un intento pudoroso (del que no eres conciente, como no eres conciente de toda tu ridícula indumentaria), un intento pudoroso de tapar tu genitalidad.
Río, y río con ganas al contemplarte histriónico. Cierro las piernas y me bajo del mesón. Sujeto la pinza que habías abierto para evitar que mis medias sigan resbalando. Me agarras del antebrazo y me enfrentas a tu rostro. Siento el olor del deseo emanar de cada centímetro de tu cuerpo. Me libero. Doy un paso y siento (eres predecible, querido) tus brazos rodeándome. Una de tus manos se desliza hasta mi seno y lo aprieta; la otra se resbalada para penetrarme con tres dedos y abrirme a voluntad. Me besas el cuello y me dejo caer en tu deseo con un suspiro. Me levantas agarrándome de la entrepierna y me tiras sobre la mesa, boca abajo. Mis manos sostienen el lado opuesto mientras tú me rasguñas los costados y me entregas un par de nalgadas sobre el liguero, que te deja ver y hacer.
Entras con tus dedos y me masturbas a manos llenas. Te deslizas hacia arriba y, con mi propia humedad, lubricas mi culito diminuto. Te siento entrar con tus dedos y me excita hasta el ahogo el movimiento circular de tus yemas en mi interior. Siento que me corro. Sacas tus dedos y abres mis piernas aun más con tus dos manos. Me sujetas con fuerza y siento que tus dedos se incrustan en mi piel. Me sostengo a la mesa como una tabla de flotación en el mar del placer.
Te entretienes en mi vulva derramada por un momento y la cabecita enrojecida de tu pene se arrima y se concentra en mi pequeñez. Entras despacio, al principio. Sales de nuevo. Risa-suspiro contra la mesa. Levantas mi cadera y das una lamida continua desde mi clítoris hasta mi ano. Luego solo me penetras con violencia y, no lo espero, necesito gritar. Duele, gruño, suspiro. Siente tu pelvis contra mis nalgas. No te detengas. Intento incorporarme para recuperar el ritmo de mi respiración, pero tu mano devuelve mi rostro contra la mesa fría en esta noche de lluvia. Tu otra mano sostiene mi cadera contra la mesa aplastando mi nalga, cuando tu propio movimiento me hala. Me siento mojada.
Explotas en mi interior y te delata un ruido gutural, inigualable, firme. Sales de mí y me volteas sobre la mesa. Miro tu mandíbula temblar. Tu rostro se acerca hasta mí y te escucho gritar sin disimulo: “Eres una gran perra de culito delicioso”. Me das una bofetada y te deslizas entre lamidas para desenredar con tus dientes mi vello púbico. Hay cierto dolor cuando ajustas tus dientes sobre mi clítoris erecto e irrigado. “No, no más sangre ya… para…”. Y como perro manso te separas de mí, recoges tu ropa y sales del lugar.
eres una gran escritora de verbo delicioso
y empalmador
Hoy te descubrí. Tu comentario sobre mi comentario a La Vecinita de mis delirios despertó la curiosidad en mí. Me hablabas de belleza sobre fluidos corporales, de fetiches sobre cuerpos desnudos, de imaginación en definitiva.
Llegué aquí y te leí. Con avidez, sin poder parar un segundo porque no me diste tregua con tu narración, deleitándote en los detalles, transmitiendo pasión. Te leí hasta el final. Sólo entonces fuí consciente de mi erección. Inesperada pero agradable, como siempre.
Tú la provocaste, tu manera de transmitir esas sensaciones.
Lo lograste. Me conseguiste como devoto de tu culto al estremecimiento.
Te mando un beso, húmedo, acompañado de una mirada que quisiera leer en tu interior.......
Chica, qué poco respeto, en la cocina de su madre.
Abrazo orgiástico.
phos, con estas historias al final acabare desarrollando mi hemisferio cerebral derecho, (risas y suspiro)
achuchones desbocados
me pase pensando en el horrible post anterior que escribi......mientras flameaba la tarde sadeness de enigma
.....Cum angelis et pueris,
fideles inveniamur
Sade dit moi
Sade donne moi
Sade es-tu diabolique ou divin?
gran Sade , quien se resistiría a probar ese bocado, amasado desde la espalda hasta rodar por la curvatura que forma su gluteo .......devorado a manos llenas....al contacto con las palmas, con las yemas, con las complices uñas donde se clavara su aroma.....girar, dorar, recalentar el diminuto segundo en que nuestros ojos se clavaran hacia el interior de sus cavidades....
Sade dit moi
qu'est ce que tu vas chercher ?
le bien par le mal
la vertu par le vice
Risas y sexo, y sexo, y sexo y volver a reir. Qué fáciles son las ecuaciones.
Que manera de relatar ese polvo, gran estílo, bien expresadas tus sensaciones
Besos de fantasía
En el mensaje que dejaste en mi blog pense que eras hombre
Julia... de sexo ambiguo... xD