Hoy he soñado con tu carne junto a la mía. Abrazada por la mía. Mi sueño ha resbalado por los recuerdos que se vuelven silencios en medio de la conmoción de las calles de Buenos Aires. Camino, recorro, me deslizo. Y sé que te he soñado en mis sueños mientras vomito en el baño del McDonald’s para luego enguajar mi boca y encender el cepillo Cross Action con su pequeña batería.
No puedo evitar comentarte que aquella combinación de fuerza, vibración y movimiento me excita. Colocas un gusanito de dentífrico y pones en marcha el cepillo. La pasta verdosa vuela en gotitas diminutas y ensucia la madera del piso. Te veo sonreír, pero no siento que tus ojos rían como otras veces. Me alejo.
Salgo mareada del baño y la gente suelta carcajadas y exclamaciones de juerga. El sol ya no está quemando la ruta del obelisco y yo camino, perdida, con una curita redonda en la vena. Siento que la sangre no ha parado de fluir. La veo salir al vacío de los tubos de ensayo uno tras otro. Siento ese ardor-dolor que me recuerda mi primera vez. Y siento que sigue quemando el orificio que ha marcado la aguja en mi brazo izquierdo. Me arrimo a la pared y vomito.
Y te siento abriendo mis piernas, penetrando con calma, rebanando mis humedales. Logras que aquello que una vez dijiste que podría ser imperfección izquierdosa se convierta en clave de placer cuando rozas mi punto-G con destreza y consigues que mis glándulas parauretrales se saturen de líquido alcalino que revienta en gotitas transparentes.
Entonces veo las gotitas de mi placer volar hasta el piso de madera y mezclarse con las salpicaduras de dentífrico. Y te veo reír con los ojos que brillan bajo el efecto psicotrópico de la dicha. Me río y anuncio en un murmullo que resuena en mis oídos y en los tuyos como un alarido: te quiero mucho. Me agarro del filo de las gradas mientras siento que tiemblas y explotas en mi interior.
Vomito, vomito nuevamente en Buenos Aires y no dejo de sangrar a gotitas por el brazo. Siento que las piernas no me van a sostener si no logro llegar pronto al metro. Quiero gritar que me rescates y me miro vaciada con mi vestido de tonos de la gama del café, holgado, suelto, corto. Sudo en la humedad de un verano imposible, de cabeza, incongruente con la Navidad.Y te llamo a gritos al bajar a la estación. Te imploro y abrazo mi vientre que aún no se ve redondo y vivo desde fuera, pero que sé voraz, exigente de vida. Te llamo a gritos. Te llamo.
Cierro los ojos y me agito histérica mientras la gente me mira. Y despierto en sueños a tu lado. Miro la habitación tibia, la cama bajita, las almohadas saturadas de tu olor, la lámpara blanquinegra, la mesa que has inventado portátil, la navaja, los cueros, el pequeño frasquito de nescafé medio lleno medio vacío, la pipa, el flash de 128 sin tapa. Alzo los ojos y los fijo en la luz que atardece detrás de la puerta-ventana semiabierta que hace que una brisa cálida de veranillo equinoccial llegue hasta mis piernas desnudas. Mis ojos golpean el estervil (HH).
Luego, solo te abrazo y te aspiro, bosque, tierra mojada, semillas cálidas en medio de la lluvia. Y duermo a tu lado, aunque despierte sola en mi cama.
"Y los sueños, sueños son" decía Calderón de la Barca, como queriendo recordarnos al final que no podemos quedarnos en ellos, por más que queramos. Pero qué necesarios se vuelven a ratos, para evitar desangrarnos en una realidad que no preferimos.
Yo te he soñado, con tus ojos vacíos mirándome, sonriendo.
dulce: dulce
achuchones de estos
Creo que a tu lado descansaría noche sí noche también.
Abrazo tangible.
phos no te puedo dejar comentarios en el alter ego, así que te los dejo aquí,
hay frases que aunque se digan para bonito son como balas, sé lo que sientes con ese amigos de verdad.
achuchones color de oro
Ay, solojose, cómo es de cierto!!!!
Achuchones resignados, como tú dirías...
Phos.
Releo y recuerdo con emoción los instantes robados a la realidad para volver reales los retazos de sueño entre amigos de verdad.
Y recuerdo también retazos de sueños pasados entre semillas y sangrados. Recuerdo verte con esos ojos apagándose mientras la vida se le iba entre mis brazos al inocente. Siento la angustia de la pérdida al tener a mi recién nacido varón deshacerse entre mis manos con tu mirada triste, apagándose... No querías que se apagara, en el fondo sé que no querías que se apagara.