Ah, punto G, Punto G, San Punto G, Santo Punto G… me hacían falta tus dedos alrededor de mi clítoris y localizando los rincones de mis cavernas para hacerme explotar a chorros en minutos, con la inusitada sorpresa de hallarme derramada con la ropa puesta y apenas una mano ajena por debajo de mis pantalones.
Dentro, mientras llamaba a un taxi por teléfono y te veía sonreír, muy cerca, frente a mí, jugabas a que tus dedos me descubrieran en la oscuridad debajo de mi calzoncito, localizado en el radar de tus ojos por un costado de mi mameluco. Había sido una tarde de aventuras infantiles en el cine y una noche de reunión con viejos amigos. Habíamos decidido perder la noche charlando en la sala de mi casa hasta que la hora nos hizo pensar en la llamada para que te fueras a dormir decentemente hasta tu casa. Pero esa noche me daría la increíble y feliz historia de un derrame de placeres en la palma de tu mano.
Apenas me distraje de la llamada que pedía mis datos personales para enviarme un auto para que te alejara de mí cuando tu mano se deslizó sin desabotonar nada por dentro de mi pantalón: tela basta y cortes flojos, un pantalón de fin de semana con su pechera y sus tirantes cruzados. Solo te regresé a ver cuando tu mano se coló dentro de mi ropa interior mientras esperaba la respuesta de la operadora. Y tus labios succionaron mi boca en un beso que me estremeció de placer. Mientras tanto, tus dedos exploraban cada doblez de mis labios inferiores como tu lengua lo hacía también a ciegas en mi boca.
Te abriste camino entre mis pliegues húmedos y rodeaste mi clítoris en un roce que me hizo estremecer. Pero no te bastaría eso. Casi sin esfuerzo y como si solo acariciaras mis mejillas, te colaste en mi interior con habilidad y empezaste a seguir las descargas eléctricas de mis previas al orgasmo con esas contracciones que tus dedos sacaban de mi pubis. Llegaste hasta el secreto de mis humedales para tocarlo con la fiereza necesaria para arrancarme un gemido que la operadora habrá escuchado en sus audífonos mientras pedía una unidad en el sector por su radio a los choferes confederados.
Tras la confirmación de que tan solo nos quedaban 6 minutos, cambiaste de posición sin salir de mi cuerpo para abrazarme por detrás y besar mi cuello. No pude evitar tomar tu mano y apretarla contra mí para que siguieras con el brío que marcaba el compás acelerado de mi corazón y los latidos de mi vulva irrigada y violenta. Tus dedos, la palma de tu mano talentosa… sentí que me ponía tiesa y sensible hasta que la ansiedad saturó mis glándulas y descontrolada de placer me corrí con fuerza en una explosión de chorros y chorros que parecía no acabar mientras tu mano disminuía su ritmo y tu risa reventaba en mis oídos. Mi ropa se mojó y las gotas corrieron por mis piernas gracias a la ley de la gravedad. Mis piernas flaquearon ante el orgasmo máximo mientras un aullido ahogado se escapaba por mi boca temblorosa y mis dientes chocaban entre sí estremecidos.
me hubiera encantado hacer una donación de manos
phosphorus escribes de vicio
besos ñam
es increible la fasacinacion que puede producir un cliroris al rozarlo con las yemas de los dedos, sentir la humedad resbalar por los nudillos, el calor de su cavidad estremecerce al ritmo de cada impulso la mano entera....dios ,mi mano grita por un par de labios en este instante
Cómo te lo pasas Phos.
Beso orgiástico.
Ohh! Volver, al cabo de cierto tiempo, para encontrarte así pequeña, maravillada y maravillosa, es un placer que no puedo dejar de manifestar. Ya vamos a cumplir un año y dos meses de no concernos, o de desconocernos, lo que aplique. Y me han entrado ganas de tomarme un mate con vos, cualquiera de estas tardes.
Amo cuando tus palabras fluyen, con la misma pasión con la que fluyen tus ardientes humedades. Me alegra saber que sigues siendo l a misma, a pesar de todo.
Almayer... ah, don almayer... solo sufrir por ausencias y luego repeltarme de gozos.
Pablo... pues en vez de irse en gritos hay que concentrarse en conseguirlo... silenciosos gemidos desesperados e inesperados en el azar de las manos que no se esperaba y que no esperaban. (aunque los gritos también tienen su encanto... jaja)
Ella... para chulla vida que se tiene!!!
Nef... tiempo ha... de verdad que ya es más de un año... y, ya sabes, ahí está el mate que vos mismo me trajiste de Buenos Aires para que nos juntemos a compartir el punto de encuentro de los labios en medio del amargor de una yerba bien sebadita. Solo dime cuándo.
no phos...me malinterpretaste...mis manos al leer tus textos gritaban por un clitoris, lo buscaban entre las teclas, entre este desordenado escritorio, entre mis cabellos enmarañados al rascarme y rascarme la cabeza exprimiéndolo por una idea.....ay!!...sbores, aromas y espesores, dilataiones y contracciones....con estas manos comes, con estas manos amas, con estas manos te matare algún día.